Me detuve ante el montón de ropa que había justo delante. Beatrice estaba hecha una bola entre las prendas.Ni siquiera se giró al oír el portazo; simplemente siguió con la mirada clavada en el techo.Caminé hacia ella con el corazón encogido. Se veía tranquila y silenciosa... demasiado tranquila para alguien que hace unos minutos me había llamado llorando a lágrima viva.—¿Trice? —la llamé a medida que me acercaba. No parpadeó. Tenía la mirada perdida, aunque miraba de frente. Era como si estuviera en una especie de trance.¿Estaba en estado de shock?Aparté algunas de las bolsas de lona para hacerme un hueco en el sofá.—Ya estoy aquí. ¿Qué ha pasado? —Siguía sin responder.Alargué la mano para tocar la suya, pero la retiré en cuanto rozó su piel.Era un volcán en erupción.—¡Dios mío, Trice! Deberías cuidarte más. —Me levanté y fui hacia la cocina para coger un recipiente con agua.Regresé a los pocos segundos con el recipiente. Lo puse sobre la mesa y escurrí el agua de la pequeña
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