El punto de vista de Gabriela«¡No vamos a tener esta conversación ahora mismo, Marcelito!». Abrí la puerta de un portazo y dejé mis cosas en el sofá; después, cuando me disponía a ir a mi habitación, él me detuvo. «¡Vamos a tener esta conversación ahora mismo, y no te vas a ir a tu habitación hasta que hables conmigo!», gritó.Me burlé. «¿Cuál es exactamente tu problema, Marcelito? Dímelo. ¡Porque no entiendo qué te pasa ahora mismo, y me da tanta vergüenza lo que le hiciste a mi jefe!».«Sabes perfectamente lo que me pasa, Gabriela. ¡Me da tantos celos cómo le tocas la mano a ese hombre, y no podía soportar verte ser tan amable con él! ¿Cómo esperas que lo maneje?».«Eh, ¿como un adulto maduro?». Me di la vuelta y fui a la cocina a por un vaso de agua. Me siguió al interior, pero se mantuvo a distancia mientras bebía, porque no sé cuánto tiempo voy a tener que aguantar esta situación y ya estoy harta de esta mierda. «Está claro que se está aprovechando de ti».Dejé la jarra en la
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