No es alivio. No pena. Ni siquiera aceptación en la forma en que la gente la imagina: limpia, decisiva, lista para la narrativa. Es orientación. Un día te despiertas y te das cuenta de que tu atención ya no se organiza en torno a un conflicto central. Que los mapas mentales que utilizabas para navegar por la urgencia se han disuelto, dejando atrás una geografía más tranquila. Los monumentos todavía existen, pero ya no exigen peregrinación. Esto me inquietó más que la partida inicial. Durante años, mi pensamiento había estado triangulado con el sistema: dónde estaba fallando, dónde se estaba acelerando, dónde la intervención aún podría ser importante. Incluso mis intentos de mantener la distancia habían estado condicionados por la proximidad. Me resistía a algo que seguía siendo central. Ahora el centro había desaparecido. Por supuesto, el sistema todavía existía. Continuó decidiendo, dañando, mitigando, pidiendo disculpas. Pero ya no estructuraba mis días. Lo encontré de la mism
Leer más