꧁ ANTOINE꧂Los ojos de Dante se fijan en los míos. Sé lo que quiere, pero no voy a ceder a sus encantos caninos. Me llevo el último bocado de filete a la boca, mientras él ladea la cabeza. Me limpio la comisura derecha de mis labios con una servilleta de tela, me levanto de mi silla, recojo mi plato y lo llevo al lavavajillas. Arreglo la cocina a la velocidad del rayo.Ya está por comenzar un nuevo episodio de Máster Chef Junior, y no pienso perdérmelo.Tomo asiento sobre el sofá de la sala y enciendo el televisor. Por fin, algo de descanso. He estado toda la tarde en el gimnasio, procurando mantener mi mente ocupada, y apenas llegué a casa, me puse a hacer la maleta. Quizás un par de semanas con mi hermana, en Canadá, me ayuden a ordenar mis pensamientos. Me percato que Dante no me ha quitado la mirada de encima ni un segundo.—¿Qué? —le pregunto, levantando una ceja—. ¿Acaso no tienes comida? —me pongo de pie en un brinco y me dirijo al área de servicio, para fijarme en el bol de co
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