~ BIANCA ~Era Christian parado en la puerta de mi oficina.Mia fue la primera en notarlo. Se levantó de la silla como si hubiera recibido un choque, saludó a nuestro primo con un abrazo rápido y, antes incluso de que pudiera procesar lo que estaba pasando, ya estaba tomando su propio celular y la cartera.—Yo... acabo de recordar que tengo una llamada con legal —anunció, teatral—. Tipo... ahora.Pasó junto a él, hizo una mueca dramática y, con los labios, articuló bien despacio: el hombre está enojado.Por supuesto que estaba enojado.Para que saliera de Argentina, atravesara el océano y viniera a hablar conmigo personalmente, por supuesto que estaba enojado.Mierda.Christian cerró la puerta detrás de él, y solo entonces se volteó completamente hacia mí.—Solo te pedí una cosa —comenzó, sin rodeos. La voz baja, controlada, era peor que cualquier grito—. Una. No mezclar tus negocios personales con Bellucci. Sabes que eso siempre termina mal, Bianca.Crucé los brazos, más par
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