—¡Oh! Gerente de Producción, ¡ven aquí! ¡Rápido! —llamó Clara con tono melodramático.El gerente de producción, un hombre de unos cuarenta años, de aspecto grasiento y mirada astuta, se acercó apresuradamente, claramente incómodo.—Mi querida Clara, ¿qué sucede? —preguntó, lanzándole una mirada cómplice.—Gerente, esta asistente suya es tan arrogante. Me intimidó. ¡Échela de inmediato! —exclamó Clara con voz afectada, tan empalagosa que a Rubí se le erizó la piel solo de escucharla.Para su consternación, el gerente de producción respondió con prontitud, todavía intentando agradar a Clara:—No te preocupes, querida Clara. La echaré ahora mismo.Cuando miró a Rubí, pareció momentáneamente sorprendido por su belleza. Pero, consciente de la presencia de Clara, enseguida frunció el ceño y adoptó una expresión de desprecio. Dirigiéndose a Rubí con frialdad, dijo:—¿Quién te recomendó para este trabajo? ¿Sabes siquiera hacer lo que se te asigna? Discúlpate ahora mismo con la señorita Price,
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