Esa noche, Carolina estaba especialmente feliz.Normalmente, cuando Logan estaba en casa, ella solía ir a su estudio para hacer la tarea, leer, dibujar o jugar con sus juguetes.Pasadas las diez de la noche, después de bañarse y antes de acostarse, Carolina le dijo a Rebeca:—Mamá, voy al estudio a ver si papá ya se acostó y, de paso, a darle las buenas noches.—Está bien.Carolina ya había salido corriendo de la habitación cuando, de repente, regresó. Se apoyó en el marco de la puerta, ladeó la cabeza y le preguntó a Rebeca:—Mamá, ¿no vienes conmigo?Rebeca negó con la cabeza.—No. Ve tú.En realidad, Carolina ya estaba acostumbrada a que Logan y Rebeca no interactuaran demasiado, así que no le pareció extraño. Al escuchar la respuesta, no tuvo más remedio que decir:—Está bien.Luego se dio la vuelta y se fue.Al llegar a la puerta del estudio de Logan, la abrió y asomó la cabeza. Al ver que él seguía sentado frente a la computadora tecleando, dijo:—Papá, como era de esperarse, tod
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