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17 chapters
Prólogo.
Ejecutiva y dueña de un consorcio de clubes nocturnos. Annette Valkimore; no es una chica común  y corriente de esas que ves en la calle contoneando su cadera al ritmo de un andar cadencioso. Al contrario, su paso firme, mirada penetrante, cuerpo escultural y emociones controladas la hacen una bomba de tiempo a punto de estallar, una chica fuerte, dura, con un temple extraordinario y un plan entre manos, que necesita desarrollar y llevar a cabo mediante una venganza en contra de sus agresores. Esos que acabaron con su bienestar  emocional y su cordura aquel maldito día en que la secuestraron. ¡Si, Ahora  ella tiene un plan y piensa dar un golpe! Pero no cualquier golpe, aun cuando no es una asesina, necesita exterminar un estorbo en su vida: ese lastre que lleva a rastras desde hace diez años y le imposibilita dormir, comer o sencillamente disfrutar del sexo en su expresi&
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CAPITULO UNO. LA GALA.
— ¡Anette, Anette, date prisa que papá está esperando! – gritó mi hermanita Annia casi sin aliento supongo por la carrera, la emoción y la premura con la cual mi padre la abrumó. Sonrío porque es su primera gala y está deseosa de experimentar, Annia es una hermosa chica y a pesar de su corta edad su silueta es ya de mujer. Completamente arreglada,  me dispuse a bajar para que a mi pobre hermanita no se le pasen las ganas de salir a la presunta festividad que es un fastidio porque asisten un montón de personas que no conozco y adicional a eso debemos sonreír con todos. Pongo los ojos en blanco porque mi padre es de esos millonarios que aman a su familia hasta morir y trata de que  lo acompañemos a todos los eventos. No es que me queje pero, los ejecutivos son unos tipos desagradables y babosos que nos miran como si fuéramos algo comestible
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CAPITULO DOS. CAOS.
La noche pintaba magnifica, mis padres estaban como peces en el agua, Annia se divertía de lo lindo y yo estaba tomándome unos tragos. Platiqué con algunas personas importantes en el gremio y bailé dos piezas con un chico que no conozco pero que estaba bastante atractivo.   Era alto y fornido, con unos  ojos verdes preciosos  y una elegancia sin igual, vestía un traje de tres piezas que en pocas ocasiones me ha llamado  la atención  en un hombre, en definitiva el chico está buenísimo. No sé su nombre pero lo que sí sé, es que no hay un chico aquí que llame la atención  más que él.   —¡Gracias de nuevo Srta.! Para mí ha sido un verdadero placer que me haya concedido el honor de esta pieza - ¿Por qué aunque seas una mujer rebelde, siempre babeas por un hombre con modales refinados?   —¡El honor fue mío! ¡Gracias! – me hizo una inclinación con la cabeza y se fue dejándome en  la mesa que compar
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CAPITULO TRES. TERROR.
Al recobrar el sentido: no grité, no me resistí, estaba  paralizada del miedo y tengo una opresión en el pecho, sé que este hombre va a lastimarme porque lo noto en su cara, su expresión y esos ojos que me gritan peligro. Me toca de nuevo, esta vez grito del dolor, mi garganta arde y mi cuerpo se resiente, entra el sujeto enorme y otro más, rasga mi vestido y reacciono golpeando y pataleando hasta que recibo una bofetada con la cual me voltea la cara y de inmediato siento el sabor metálico de la sangre. Su bragueta suena y se exactamente que viene, así  que cierro los ojos y soporto el dolor de la agresión  de esos hombres y la humillación de la violación. Separa  mis piernas y penetra rompiéndome por completo, grito, chillo y trato de resistirme  pero es imposible porque no puedo con él. Me duele la piel, las piernas y el vien
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CAPITULO CUATRO. DOLOR.
Desperté atontada y con una sensación  de mareo y necesidad en el estómago a causa de una medicación  sedante muy fuerte, en un lugar impoluto donde todo es blanco, pulcro y con un olor a desinfectante asqueroso que me produce  nauseas: “Un hospital". Un murmullo de voces y un llanto lastimero llenan mis oídos y reconozco la voz de mi hermana Annia, mis ojos se llenan de lágrimas y mi pecho arde de miedo y aflicción  por partes iguales, no tengo dolor físico, a este nivel ya nada me duele, solo el alma y mi corazón roto en mil pedazos, pisoteado por unos hombres gigantes que me maltrataron y mataron mi inocencia, mi dignidad y toda mi vida hasta que muera; no sin antes acabar de manera indolente con las vidas de cada uno de ellos. ¡Eso lo juro! Solo después; solo después moriré en paz. No quiero abrir los ojos, me rehúso  a enfrentar&nb
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CAPITULO CINCO. DEMONIOS.
Dos años después… —Jefa el club está abarrotado, no hay espacio físico suficiente – me informa Johnson mi mano derecha. — Entonces hay que hacer espacio cariño – salí de detrás de la comodidad de mi escritorio  para enfrentarme a un metro noventa y cinco de puro músculo, cabellos rubios y ojos azules. Que por cierto huele a gloria. Contoneo mis caderas insinuante y Johnson sonríe de lado, sabe que deseo; su piel dorada enciende mis sentidos y ya necesito liberar tensiones. En los últimos días hemos tenido ataques por parte de las autoridades a causa de denuncias. Pero no son denuncias normales, sé de quién  se trata  es solo que nunca me encuentra y siempre regresa. Coloco la mano  en su torso y lo empujo para que caiga sentado en un sill&
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CAPITULO SEIS. PODER.
Cinco años después... Disfruto del chasquido de mi látigo mientras aporrea la espalda de una de las criaturas más sexis y varoniles que he tenido bajo mi yugo. Alexander es un moreno de ojos color esmeralda y piel clara  como porcelana, cuya fantasía es: estar bajo la sumisión de mi juego sexual. Me acerco a su oído y lamo el pabellón causándole un estremecimiento que me excita hasta el punto  de mojar mis bragas. Su piel tersa y blanca despierta en mi los deseos  más oscuros, deslizo mis manos alrededor de su cintura moldeando su duro torso clavando mis uñas en él, continúo bajando por el abdomen hasta ingresar en su bóxer y apoderarme del objeto delicioso que me hace perder la razón. Sigo con mi juego deslizando una vez más los dedos hasta acariciar su escroto que se endurece a
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CAPITULO SEIS. IMPOSICIÓN
— ¡No creo que sea una buena idea Jefa! - protesta Johnson con desaprobación ante mi plan. — ¿Si sabes que no te pago por creer cosas, verdad? - me observa con ojos entrecerrados. — Me pagas por protegerte y mi responsabilidad es sacarte de la cabezas ideas descabelladas... - me observó con enojo — ¡Jefa! - eso último lo dijo con los dientes apretados. — ¡No te pases John! aquí la jefa soy yo - su pierna derecha temblaba a medida que golpeaba el piso con el pie, está furioso — Pradím se encuentra cada vez más cerca, no ha actuado como debe ser porque no sabe si yo soy a quien busca. Pero en el momento que lo descubra... ¿qué harás para protegerme? - sus preciosos ojos me escrutaban para descubrir mis pensamientos. — Solo estoy esperando tu orden para eliminarlo - ab
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CAPITULO SIETE. EL RESTAURANTE.
Uno de los mejores restaurantes de la ciudad y por una maldita confusión, la reservación se extravió. No me agrada esto para nada pero, al ordenarle a John que nos marcháramos "el encargado" me rogó que no lo hiciera ya que lo amonestarían. Me informó que estaban preparando mi mesa en el salón VIP y que el almuerzo correría por cuenta de la casa. A Dios gracias los socios no han llegado, hago una llamada a Helen para que les informe que hemos cambiado no de local, sino de mesa. La chica responde con un “sí señora” y cuelgo. — ¿Será que tenemos un espacio para hacer alguna travesura? – observo a John con una sonrisa insinuante y sonríe ladeado sacudiendo la cabeza. Me acerco contoneándome y levanta las cejas, sabe que haré lo que me plazca. El reservado es íntimo, eso me excita porque el vidrio po
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CAPITULO OCHO. INCERTIDUMBRE.
Carlos Pradím. — ¡Los fantasmas no existen André! – espeto frustrado porque al parecer Anette Valkimore si lo es —. Sigan buscando, en algún lugar debe estar escondida – resoplo enojado. — ¿Entonces descartamos a Andrea Siderova? – suspiro. Niego. — La descripción que me dio el encargado del Restaurante coincide con la de la chica que busco, no la descarten hasta que les dé la orden – André toma una bocanada de aire y me mira con cansancio. — ¡Correcto jefe! – se retira para continuar con la investigación. Desde el día en que la rescaté de los desgraciados que la tenían cautiva en aquella casucha, he tratado de hallar su escondite para disculparme, no he podido sacármela de
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