Lo que tanto esperaban, estaba sucediendo. Al fin el idiota de Pedro actuaba, igual de cobarde como lo habían pronosticado, y a pesar de haberlo esperado, no pudo evitar pensar en Katherine. Lo que más importaba era su seguridad.—¿Adónde vas? —Luis se encontró con Daniel cuando llegaba al lugar del suceso.—No sé si Katherine está bien. Uno de los hombres escapó —informó él con rabia, no se perdonaba el no haber atrapado a ninguno de los delincuentes.—¡Quédate tranquilo!, ella está bien —Daniel lo miró con duda, Luis negó con la cabeza—. Lo está, te lo aseguro. Acabo de ver que está en la casa —Daniel se debatió entre creer u obedecer su intuición—. Créeme, Gossec. No te mentiría.—Pero uno de esos tipos puede andar rondando la casa… Katherine está sola…—¿Por qué no me avisaste de lo que estaba pasando? No debiste venir solo —le reclamó.—Todo fue rápido, venía a hablar con Sergio cuando todo comenzó —contó Daniel, secándose el sudor con la manga de la camisa manchada de hollín.—E
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