(7)

 Setri estaba terminando de afilar sus cuchillos cuando llamaron a la puerta.

— Adelante – dijo Setri dejando el último cuchillo sobre la mesa.

Un hombre bastante enorme entró a la habitación, era tan alto que tuvo que agacharse para evitar golpearse la cabeza.

— Príncipe Setri las legiones han despertado – informó el gigante.

— ¡Estupendo! – dijo Setri poniéndose en pie rápidamente. – Gracias Paul, puedes retirarte.

El gigante asintió, hizo una reverencia y salió repitiendo el molesto proceso de tener que agacharse.

Setri recogió su pesada gabardina del suelo y se la puso. Tomó un sombrero negro de copa alta, y un bastón que colgaba de la pared. Su aspecto había mejorado notablemente luego de la visita de Stacy.

Salió de su guarida hacía un largo pasillo iluminado solamente por algunas antorchas sujetas a las paredes. En el pasillo, la sensación de calor era densa y sofocante, la sensación térmica superaba fácilmente los 50 grados Celsius, pero Setri permanecía fresco y seco. Caminó a la izquierda, llegó hasta una escalinata de piedra y comenzó el ascenso. Luego de 10 minutos llego a la cima de la torre. Abrió la puerta y pudo ver la silueta de Quantum. El lugar estaba totalmente a oscuras, solo la iluminación del exterior ofrecía una pequeña visibilidad. Setri pudo ver la luna desde donde estaba parado. Era una luna roja. Una luna gigantesca y fantasmal.

— Pasa – dijo una voz desde la penumbra.

Setri se quitó el sombrero y avanzó lentamente en la oscuridad. Algo de lo que había allí le inquietaba, pero no podía determinar que era. Había estado muchas veces allí, en presencia de Quantum y nunca había sentido esa pesadez en el ambiente. Era una sensación fría y extraña.

— ¿Majestad? – Setri miraba de espaldas el trono en el que Quantum solía sentarse. Era un trono gigantesco. Quantum era un tipo enorme de más de 2 metros de altura, pero aun así el trono le quedaba grande; esté siempre permanecía de frente a la ventana y de espaldas a la puerta de entrada. Setri recordó que Quantum solía bromear acerca de que un día alguien entraría y lo asesinaría sentado en su trono.

Antes de que Setri pudiera alcanzar el trono, tropezó en la oscuridad con algo. Era algo parecido a un bulto. Setri se inclinó y vio el cadáver de Quantum tendido boca abajo. El muerto tenía los ojos abiertos y un charco de sangre estaba debajo de su pesado cuerpo. Setri tomó la cabeza de su rey, sujetándola por la nuca, y la levantó unos centímetros del suelo. Quantum tenía un corte profundo en la garganta. Parecía una grieta colosal. Una grieta roja y palpitante. Setri se irguió sobresaltado, si Quantum estaba muerto antes de que el llegará, ¿quien demonios le había hablado?

Setri desenvainó la espada que siempre llevaba consigo, arrojó el estúpido bastón lejos y se quedó expectante, esperando el ataque. ¿Habrían sido las legiones? ¿Los humanos, tal vez? ¡Imposible! Los humanos no conocían la forma de llegar al reino de las criaturas.

Setri permaneció inmóvil, con la espada lista para cortar la garganta de cualquier intruso que osara acercarse.

— ¿¡Quien está allí?! – gritó Setri dirigiéndose a la entidad que estaba sentada en el trono.

No hubo respuesta.

Setri se acercaba sigilosamente al trono cuando una risa llegó desde el fondo de la habitación. Setri giró en redondo a la velocidad de un rayo y vio surgir de entre la más negra oscuridad a Stacy. Allí estaba ella, con su bobalicona sonrisa, con su expresión cándida e inocente, como la de una niña que ha cometido una travesura que apenas si amerita un castigo.

Setri era un gran hechicero, con conocimientos ancestrales de alquimia y necromancia. Era incluso en algunos aspectos más poderoso que la misma Stacy, pero, aun así, en ese momento, pensó que durante su larga vida pocas personas le habían inspirado el miedo que Stacy le provocaba en ese momento. Le temía, sí, pero también sentía un deseo desenfrenado y casi animal por ella. No la amaba en lo absoluto, pero encontraba en ella una personalidad fuerte y admirable. El mismo Setri no sabía la razón, pero así era.

Stacy caminó hacia él, tomó la espada con la palma de la mano, asiéndola por la parte más afilada sin sufrir corte alguno. Se la quitó a Setri y la arrojó al suelo. La espada emitió un tintineo que sonó a trueno en la silenciosa sala del rey.

— Ahora yo soy la reina de las tinieblas – dijo Stacy pasando una mano por la mejilla fría del hechicero.

Setri tragó saliva. Sentía por aquella criatura una mezcla extraña de miedo y admiración.

Stacy caminó hacia el trono que había pertenecido a Quantum y se sentó. La luna roja ilumino su blanco rostro dándole un toque siniestro a sus facciones humanas. Volvió la mirada a Setri, que seguía de pie en su mismo sitio, tan fijo y quieto como si fuera un objeto y le hizo una seña para que se acercará.

Setri caminó hacia ella como hipnotizado. Una vez hubo llegado, cayó de rodillas. Sus ojos veían fijamente a Stacy. Ella sonrío y le acarició la cabeza como si fuera su perro fiel.

— Es tu turno – dijo ella mientras abría las piernas con gracilidad.

Mientras Setri le practicaba sexo oral, Stacy contemplaba la luna. Se sentía al fin realizada, al fin ocupaba el puesto que ella siempre había merecido, y lo mejor de todo era que no le había resultado en absoluto difícil como había creído. Que el hechicero y más fiel sirviente de el rey se ocupara de su entrepierna simbolizaba el puesto que Setri ocuparía a partir de ahora. Ella tampoco lo amaba en absoluto, esa era una estúpida y absurda cualidad que solo los humanos tenían. No, para nada. Ella quería a Setri solo como aliado, como sirviente y como juguete sexual.

Apartó la vista de la luna, acarició la cabeza de Setri y dijo.

— Este será nuestro reino a partir de ahora.

Setri pareció no haberla escuchado, estaba demasiado ocupado como para prestar atención a sus palabras.

— Es más humano que yo – pensó Stacy mientras volvía su atención de nuevo a la luna y a los cielos que empezaban a tornarse más negros a cada minuto.

Capítulos gratis disponibles en la App >

Capítulos relacionados

Último capítulo