Cuando sintió su temperatura y aliento en ese momento, las lágrimas se deslizaron difícilmente de manera incontenible. Ella lo abrazó fuertemente, apoyándose en su pecho, escuchando sus latidos fuertes y vigorosos...
Ella susurró:
—Si pudiera, también quisiera olvidarte, olvidarte por siempre, sería tan bueno.
Andrés frunció el ceño, como si una sensación extraña cruzara por su corazón. El cuerpo delicado y frágil de ella hizo que involuntariamente apretara los brazos, en un instante, sintió el