Aurora fija su mirada en Tobías y luego acepta contarle su vida privada.
—vamos a la cama— pide ella sin muchos ánimos y él asiente.
Ambos terminan de bañarse y luego entran a la habitación, Aurora no se coloca la pijama, si no aún con la toalla enrrollada en su cuerpo se acuesta en la cama y Tobías hace lo mismo.
Aurora da un largo suspiro
—una tarde muy tranquila, uno de esos días, en los que yo era feliz, por qué era el único día de la semana que podía compartir con mis padres adre, el día d