Inmediatamente después de decir eso, Gerald levantó ambas manos y les metió algo en la boca.
"¡¿Q-qué nos acabas de dar?!", balbucearon ambos, estupefactos por el giro de los acontecimientos.
No pasó mucho tiempo para que los dos hombres se dieran cuenta de que fuera lo que fuera, dolía como un infierno. Los efectos fueron casi instantáneos cuando ambos hombres comenzaron a agarrarse el estómago y a rodar por el suelo de dolor con expresiones de agonía grabadas profundamente en sus rostros.