Queta y Gerald entraron vestidos de manera sencilla.
Al verlos, muchas mujeres del restaurante mostraron su desprecio.
¿No es Queta Smith? ¿Vino aquí, a Surati?
A su vez, también entró un grupo de cuatro o cinco chicas y chicos. Mientras pasaban junto a la mesa donde estaban sentados Gerald y Queta, algunos de ellos se detuvieron en seco para mirar a Queta con sorpresa. Una chispa picara brilló en esos ojos.
“Linda… oh, hola, todos…” Queta se sonrojó al recibirlos, dejando su comida y ag