Después de ver a Gerald comer durante un rato, a Yaacob se estaba haciendo agua la boca, ya que tampoco había comido en toda la tarde, no pudo evitar murmurar: “... E-em… ¿Puedo…?”.
Sabiendo lo mucho que Yaacob había trabajado en los últimos días, Walter asintió antes de interrumpir, “Sí, puedes comer con nosotros”.
“... ¡A-Ahm…! Yo… en realidad quería preguntar si podía esperar afuera…”, murmuró Yaacob mientras señalaba la puerta, sin atreverse a pensar siquiera en comer ante el patriarca y e