“¿Qué es raro?”, preguntó Aiden mientras miraba en la misma dirección que Gerald, sin saber lo que éste buscaba.
“... No, nada. Como sea, vamos a caminar”, respondió Gerald mientras agitaba la cabeza. Hasta que entendiera mejor la situación, Gerald realmente no quería contarle a Aiden todo esto, temiendo preocuparlo. De ese modo, si necesitaba la ayuda de aquella anciana, Aiden no podría impedírselo.
Sin embargo, en cuanto salió, Gerald vio que las calles estaban ahora repletas de vendedores.