Cuando la segunda frase de Gerald terminó, se escuchó un crujido crujiente. Después de eso, ¡los gritos de dolor de Yesirn llenaron el aire!
Gerald acababa de aplastar uno de los brazos de Yesirn, y el insoportable dolor que sentía el Joven Amo era evidente por su expresión.
Al ver eso, la furia de Henrick no tenía límites mientras miraba a Gerald y gritaba: “¡Tú...!”.
“¡Mira, viejo c*brón! Tu hijo está en mis manos, y si lo quieres vivo antes de que termine todo esto, ¡será mejor que me