“... ¿Cómo... cómo es esto posible...?”, murmuró Fernando con asombro.
“Ya te dije que esas armas no eran más que juguetes para mí. En cuanto a tus guardias, ¡solo tienen la presencia como de unos muñecos de trapo! Realmente no debiste actuar tan precipitadamente, ¿sabes? Al hacerle daño a mi amiga... Realmente estás buscándote la muerte, ¿no es así?”, respondió Gerald con una sutil sonrisa.
“… Yo… ¡No creo que seas tan todopoderoso! ¡Muchachos! ¡Matémoslo juntos!”, ordenó Fernando mientras