Después de decir eso, Gerald levantó lentamente una mano... Levantando al anciano solamente con su fuerza interior. Christopher ni siquiera pudo intentar defenderse debido a que una fuerza invisible se aferraba a todo su cuerpo.
“¡P-por favor, no me mates, Gerald! P-pronto llegará la promesa del agua sagrada. Aún te soy útil, así que, por favor, ¡no me mates todavía! Y-yo sé un secreto importante, ¿sabes?”, gritó Christopher entre el pánico y el miedo, mientras las venas verdes empezaban a sobr