La persona al otro lado de la llamada empezó a susurrar con los demás. Parecía que estaban discutiendo algo más.
Jenson levantó la ceja y sonrió. “¿Pensaste bien las cosas?”.
Los susurros al otro lado de la llamada se silenciaron. La voz feroz volvió a sonar: “Eres el príncipe del imperio y, sin embargo, eres tan tacaño con tu propia mujer. ¿Cómo te atreves a pensar en enviarnos unos simples cientos de miles de dólares? ¿No temes que los demás te traten como una broma?”.
Jenson charló con los