Furioso, él la soltó y se alejó tambaleándose.
No vio a Angeline cuando cayó rígidamente al suelo ni vio su mirada impotente mientras caía sobre su espalda erguida y alta.
Sus palabras le habían atravesado el pecho como una daga.
“Angeline, realmente odio vivir como un payaso, como un peón que todo el mundo usa como quiere y manipula como quiere. Me voy ahora. ¡Ahora estarás sola!”.
Angeline estaba luchando desesperadamente, tratando de agarrarse a él y decirle la verdad, pero ella no podía