"1..." splash, mi mano golpeaba su nalga, "2...", splash, segunda nalgada y así la cuenta continuaba, ya a la 4, la nalga de mi pequeña estaba roja y la verdad no quería seguir, pero solo quedaba una, aún que sus sollozos ya eran suficientemente fuertes para ser oídos dentro de la habitación.
"Princesa, la última si?" la vi asentir, esto era una espada de doble filo, sabia que debía continuar su castigo, pero su obediencia y lo blando que había dejado mi corazón, hacían que quisiera