No ,no volverá a suceder.
En cuanto empujé la puerta, vi al tío Richard arrodillado en el suelo con gesto duro, toda la cara roja de ansiedad, las cejas fruncidas, y empezó a negar con la cabeza y a suspirar.
Damián, por su parte, estaba sentado en su trono angustiado, intentando decir algo.
— Hermano, verás, cuando vino esa zorra Omega, este viejo tenía prisa, debieron de acostarse juntos, ¡y entonces este viejo vino con veneno del desierto y quería que ella me envenenara a mí! — Mintió Lorena de manera descarada y la