Mientras los dos hablaban, Julio se mantuvo cerca de Sofía. Solo después de comprobar que ella estaba bien, su corazón dejó de latir con fuerza.
Al ver que todavía seguía ahí, Sofía se sintió un tanto perpleja.
—¿Hay algo más, señor César?
—No. —Julio negó con la cabeza, pero su mirada estaba fija en Diego. Parecía tener mucha curiosidad por él, o más precisamente, por la relación entre Diego y Sofía.
Como si supiera lo que Julio estaba pensando, Diego extendió la mano.
—Hola, señor César. Soy