Cuando Paloma regresó a la hacienda de los López ya eran las 2 de la madrugada.
Acababa de entrar en el salón y se disponía a volver tranquilamente a su habitación cuando las luces del pasillo se encendieron de repente. Se sobresaltó y se dio la vuelta para descubrir que la persona que había encendido las luces era Sofía.
Su corazón se aceleró de forma incontrolable.
—Sofía, ¿por qué no duermes a estas horas?
—Tú tampoco estás dormida, y has vuelto tan tarde. ¿Qué hacías, Paloma? —Sofía sonrió.