Las palabras de Sofía hicieron reflexionar profundamente a Julio sobre su reciente estado.
Incluso él sintió que algo no iba bien, ya que no obtuvo alivio tras la psicoterapia.
Por el contrario, el miedo a perder algo se acentuó aún más.
Al oír lo que decía Sofía, Julio se dio cuenta de que quizá el psiquiatra al que estaba viendo no era lo bastante bueno.
—¿No dijiste que conocías a un psiquiatra?—preguntó Julio.
Decidió aceptar el arreglo de Sofía, con la esperanza de conseguir una mejora