—Si quisieras matarme, lo harías, te lo dijera o no.—Sofía era lo suficientemente lista como para no caer en la mentira del agresor.
La atacante rió entre dientes ante su lógica interpretación, mientras su espada seguía deslizándose por la mejilla de Sofía mientras contemplaba su próximo movimiento.
—Eres guapa, pero estarías mejor con unas cuantas cicatrices.
Sofía no dijo una palabra, pero examinó desesperadamente la habitación en busca de una salida. Lamentablemente, estaba acorralada bajo