En la noche, Sofía y Julio yacían en una gran cama, ambos un tanto incómodos. La incomodidad no se debía a la vergüenza o cualquier otra cosa, sino a la desconcertante disposición de Rafael. Entre ellos no había pasado nada, y la acción de Rafael resultaba completamente innecesaria, haciéndolos sentir incómodos.
—Sofi— Julio abrazó a Sofía desde atrás, —ve a dormir.
—Mmm— Sofía respondió, apartando todos los pensamientos caóticos de su mente, cerró los ojos y se sumió en un profundo sueño.
Julio