Finalmente, Tiago se marchó furioso, y era incierto si había tomado en serio las palabras de Maribel o no.
Justo cuando Maribel empezaba a relajarse, Teodoro subió las escaleras y se acercó a ella. Sin darle tiempo a hablar, la agarró del cuello con fuerza.
—¿Viste a Bruno? ¿Te tocó?
Resultaba que Teodoro no era realmente indiferente. En su mente, Maribel era su mujer y, aunque no la amara, no permitiría que otros hombres la tocaran. Durante el viaje de regreso había estado pensando en cómo cas