—¡Qué asco de gente! ¡Como si cinco millones les dolieran! —escupió Damian sacándose el pasamontaña y levantando la silla a la que Nina estaba amarrada.
La muchacha mordió el trapo que le habían puesto en la boca y el dolor la hizo reaccionar un poco a pesar de la droga.
—¿Estas loco? ¡¿Cómo le en