Sin embargo los graznidos ahogados de Damian por levantarse lo sacaron de sus pensamientos. Jake lo alzó por la parte posterior del cuello de la camisa y disfrutó el gesto de dolor que se extendía por toda su cara.
—¡Jacob! ¿Qué está pasando? —bufó el señor Lieberman entrando al despacho—. ¿Lo golp