—¡Aaaaaaaah! —chilló colgándose de su cuello mientras los antebrazos de Tyler se cerraban con fuerza detrás de su cintura.
—¡Uff! ¡Pesas una tonelada! —se quejó él y Nina se echó atrás con los ojos muy abiertos.
—¡¿En serio?!
—¡Claro que no! Eres una plumita, te puedo llevar así hasta el fin del