—Pues muy bien que vienen, cómete uno —dijo Jake metiéndole uno en la boca y acariciándole el labio inferior con el pulgar.
—Sigo… treinta metros de cordel que no sirven para un carajo… ¿y una pistola? —Jake levantó la vista, anonadado—. Nina, ¿cuándo metiste aquí una pistola? —la interrogó.
—Buen