El juez trastabilló y se apoyó en el escritorio para no caerse.
—¿Cómo sabe todo eso? —tartamudeó.
—Porque yo lo sé todo, Su Señoría —le sonrió Katerina, alcanzando su corbata y enderezándosela mientras la apretaba.
—¿Entonces eso es lo que quiere? ¿Chantajearme? —balbuceó el juez y Katerina hizo