Nina cerró los ojos y el sollozo que salió de su pecho fue espantoso.
—¡Dime por dios que sabes dónde está mi hija! —suplicó y vio en los ojos de Aleksei una satisfacción triste que terminó por convertirse en una sonrisa.
—Sí, sí sabemos dónde está —aseguró y lo siguiente que sintió fue el impacto