Punto de vista de Alejandro
—¡Ten cuidado! —grité cuando José gruñó después de ser atado.
José y yo estábamos espalda con espalda, con las manos atadas de ambos. No podía creer que hubiera caído en la trampa de Manuel, y yo confiaba tanto en él. Pensé que era el hijo de Santiago, pero fui tan estúpido por no verificar su pasado y confiarle todo tan profundamente.
Soy tan idiota.
—Todo listo. Ahora la fiesta va a ser muy interesante —dijo él.
—¿Por qué estás haciendo esto? Sabes lo que hizo tu h