Capítulo Treinta

Escucho a mi madre y al doctor susurrar para que yo no escuche, el problema es que sí escucho y ellos son malos para susurrar. 

—Puedo oírlos, es estúpido creer que estan susurrando cuando es obvio que no es así. –informo sin siquiera mirarlos. 

Mi mirada esta perdida y fija en la pared, pero ellos no pudieron saber que estaba despierta puesto que estan detrás de mi. 

—¿Dafne, cómo te sientes? –cuestiona Diego.

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