Capitulo 39: Genuinamente preocupado.
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En ese mismo momento, pero en la casa del magnate William Robinson en Los Angeles.
— ¿Sigue sin contestarle señor? — Preguntó la ama de llaves, Clarisa.
William negó deprimido con su cabeza varias veces.
Él, quien estaba sentado en el cómodo sofá de la lujosa sala de su casa, se levantó dirigiéndose a la salida.
— Iré a verla, sé dónde vive. Si me está evitando, no le funcionará.
— Solo no se altere con ella, señor. — Aconsejó la amable mujer. — Hable pacíficamente, exprese sus