53. La Sanguínea que no quiso ser 🩸🚷.
Los pensamientos de Gwen eran un caos de ambición, orgullo y miedo. Mactodo, viendo su oportunidad, decidió presionar aún más.
—Rawdon, ¿qué le dices?. Si Gwen lo piensa demasiado, se acobardará —dijo con una frialdad meticulosamente calculada que perforó su resolución.
Gwen apretó los puños, sintiendo cómo la furia y la frustración ardían en su interior. No podía permitir que la consideraran débil. No podía volver a sentirse insignificante.
—Yo no soy una cobarde —murmuró, aunque su voz traici