85. PREDESTINADA A MÍ
Antes de nacer, ya eras mía, nena.
SOFÍA
Bajo el agua tibia de la ducha, mi cabeza comienza a sentirse ligera, después del huracán de emociones que me produjo el enfrentamiento con Daniel. Me quedo aquí recibiendo la lluvia tibia que me ayuda a relajar los músculos, a dejar de pensar, de doler, de celar. Los celos me estaban destrozando, carcomiendo desde que lo vi con ella. Gracias a Dios y por mi estabilidad emocional hemos aclarado todo, bueno no todo; no obstante, ya es un peso menos en