Capítulo 17.

Cuando me levanté al día siguiente seguía lloviendo a cántaros, ahora entendía aquello que decían que el tiempo estaba loco, en pleno mayo y estaba cayendo el diluvio universal.

Eran las siete de la mañana, no había podido dormir nada en toda la noche, no dejaba de pensar en él, en su conversación, en sus miedos de que pudiese asustarme, en Pablo, en lo mucho que aú

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