La temperatura de la habitación había caído a bajo cero, Abigail no tenía duda de sus sentimientos, pero había llegado a querer a Lukani, cómo no hacerlo si era un hombre extraordinario, era solo que su corazón ya tenía dueño, su cuerpo y su alma le pertenecían a ese mafioso griego que la enloquecia con sus caricias, que la hechizaba con su mirada marrón claro
Yo... lo siento... las cosas han cambiado, llegué a quererte Lukani, eres un hombre excepcional, uno de los mejores que e conocido en mi