XIX

En la noche, no pude casi conciliar sueño. Sin contar también con que mi mente estaba más despierta que nunca y el dolor de cabeza incrementaba, Silas estuvo toda la noche junto a mí. Cosa que hizo que tampoco pudiera dormir bien.

Al final, de lo mismo cansada que estaba mi mente, logré dormir tres horas. Y el gran día había llegado. Hoy me quitarían las vendas y sabríamos todos si la operación f

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