La atmósfera se volvió tensa de nuevo. De repente, nadie en el lugar dijo ni una palabra. Adriana estaba de pie, mirando a Romano, sentado junto a don Bruges.
Parece que, si no hacía nada hoy, se iba a convertir en una vergüenza para su país. Don Bruges la había escogido para que viniera, y esta competencia extra claramente había sido planeada…
Pero lo que más la había molestado fueron las provocaciones de la persona de antes. ¡Era una táctica para provocarla, y había caído pues en la trampa