—Oh, tío José.
Adriana lo llamó mientras, de manera instintiva, se ajustaba el cinturón de su bata para evitar que se descolocara, pudiera ser más reveladora de lo que debería.
José dejó su tableta con la que trabajaba a un lado y la miró con una expresión tranquila.
Le resultaba bastante curioso que a ella le gustara llamarlo tío, pero al final, decidió dejarlo pasar.
A unos pasos de distancia, la mujer, con el cabello aún húmedo, su rostro al natural, cabello oscuro y piernas pálidas y lar