Antes de salir por la noche, Adriana miró la muleta que descansaba junto a la silla.
Dudó por dos segundos pues sabía que podría necesitarla, pero finalmente decidió no llevarla.
Su pie izquierdo ya podía soportar el peso con normalidad; sin embargo, después de haber dependido tanto tiempo de la muleta, aún no se sentía completamente acostumbrada a caminar sin ella.
Hoy debía representar al Grupo en una importante fiesta de la alta sociedad, y era momento de dejar atrás el pasado y darle a su