Protección dolorosa
El señor Cavill no me dijo nada más, solo me miró a los ojos con esa furia incontenible que le inundaba y me dijo:
―Sube.
―Pero…
― ¡Que subas te digo! ―Ordenó el señor Cavill sin dar cabida a ningún tipo de refutación de mi parte.
Él se acercó cuando yo aún no había obedecido a sus órdenes y con fuerza me empujó a subir al asiento donde apenas y hubo tiempo de quitar los trozos de cristal, así sin dar tiempo a acomodarnos, el señor Cavill cerró la puerta al tomar el volante