—Buenos días, Sra. Mary, ya llegué —anuncia Sara a una de sus compañeras de trabajo y también su jefa directa—. Qué bueno mi niña, llegaste a tiempo, la Señora ya preguntó por ti.
—¿Pero si aún faltan veinte minutos para mi entrada? Cada día que pasa se pone más y más exigente.
—Lo sé, niña. Ella también tiene días difíciles, debemos comprenderla un poco.
—Está bien, doña Mary —afirma Sara para calmar a la mujer que logró conseguirle el empleo—. Ahora, voy donde la Señora y veo que ocupa. Ya vu