Por el momento, Pedro ni siquiera se resistió al acercamiento de otra mujer, lo que demostraba lo duro que había sido el golpe para él.
Ay, Manuel suspiró con pesar.
Si bien era cierto que a veces el hermano Pedro podía ser bastante hosco, era evidente que en el fondo estaba sufriendo, aunque se empeñara en fingir una sonrisa.
—Vámonos, vámonos todos al otro reservado, ¡yo invito!
Apremió Manuel, sacando a la gente del lugar, especialmente a la deslumbrante mujer que se sentaba junto a Pedro. Se