Pedro no dijo nada, su mente aún evocaba la escena de la noche anterior.
La figura de Bella era delicada y su piel, transparente y pálida, bajo la cálida luz del cuarto parecía una obra de arte cautivadora.
Él no pudo controlar sus deseos, sólo quería poseerla por completo, dejar su marca en cada rincón de su cuerpo.
Aunque Bella había llorado bajo sus abusos, nunca se rindió ante él, sus hermosos ojos siempre lo miraban furiosos, incitándolo a ejercer más fuerza, a obligarla a someterse...
Pedr